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Ciudad: Menos anuncios, más legado

En obras públicas, el verdadero legado que podría dejar un presidente es un marco legal e institucional que permita levantar estos proyectos con relativa independencia de los gobiernos de turno. Por Iván Poduje | Arquitecto, socio de la oficina de urbanismo Atisba Hace pocos días el presidente Piñera anunció un […]

En obras públicas, el verdadero legado que podría dejar un presidente es un marco legal e institucional que permita levantar estos proyectos con relativa independencia de los gobiernos de turno.

Por Iván Poduje | Arquitecto, socio de la oficina de urbanismo Atisba

Hace pocos días el presidente Piñera anunció un ambicioso proyecto de renovación para el barrio cívico de Santiago, que formará parte de su legado urbano junto al Mapocho navegable, el parque de la Ciudadanía del Estadio Nacional, la nueva Quinta Normal y otros proyectos regionales. Escuchando su apasionado discurso no pude evitar sentir un déjà vu, al constatar que estas mismas ideas, con nombres y formas distintas, ya habían sido anunciadas por gobiernos pasados.Recuerdo muy bien el caso del barrio cívico. El proyecto fue lanzado en 2000, se llamaba «Plan Maestro de Edificación Pública» y contemplaba obras muy parecidas: una explanada frente a La Moneda, el mejoramiento del paseo Bulnes, realce de la caja cívica y nuevos edificios públicos en los mismos sitios eriazos. Qué decir de la idea de construir un parque público en los terrenos del Estadio Nacional, tan antigua como el propio coliseo y que suma dos propuestas conocidas, además de una iniciativa para desarrollar proyectos inmobiliarios que nunca prosperó.

El Mapocho navegable podría haber sido la excepción, pero ya no es el proyecto que conocimos por los diarios. Ahora se trata de un parque puntual, ubicado al costado del río en un terreno correspondiente a la cuarta etapa del «Parque de los Reyes», que al igual que la iniciativa actual, incluía un balneario fluvial diseñado por la Universidad Central en 2003. Por último, el plan de mejoramiento de la Quinta Normal surgió en el gobierno pasado, cuando las autoridades se percataron del penoso estado en que se encontraba este pulmón verde, encargaron un plan maestro y gestionaron los recursos para construir la primera etapa que fue inaugurada ayer.

Que estas ideas sean conocidas no le resta mérito al gobierno que decidió lanzar su construcción, aunque sí entrega algunas luces para tomar en cuenta. La primera es que si nos atenemos a la historia, es altamente probable que una fracción del legado del presidente Piñera no vea la luz en los 24 meses que restan de su gobierno. Esto obliga a priorizar y a ser más cauto con las fechas prometidas para inauguraciones, aterrizando las expectativas que han generado algunos funcionarios que, sin prudencia ni modestia, ya comparan estas ideas con obras como el parque Forestal o el cerro Santa Lucía.

Tampoco es recomendable que estos proyectos salten de un gobierno a otro, porque en el camino se mueren ideas buenas o quedan en una suerte de limbo del «anuncio permanente», ante la imposibilidad de ser diseñadas, evaluadas y construidas en sólo cuatro años. Otras salvan este escollo ejecutándose por etapas gracias al empuje del propio presidente, pero en este caso corren el riesgo de quedar inconclusas cuando cambia el gobierno, como ocurrió con la Ciudad de Cerrillos, el parque André Jarlan o la misma remodelación de la Quinta Normal, que tiene dos etapas pendientes todavía.

En este escenario, el verdadero legado que podría dejar un presidente es un nuevo marco legal e institucional que permita levantar estos proyectos con relativa independencia de los gobiernos de turno y con mecanismos modernos de gestión y participación ciudadana. Proyectos que no requieran negociar y aprobar sus presupuestos cada año como ocurre hoy, ni que pierdan meses obteniendo visaciones de la Contraloría o acuerdos con decenas de organismos públicos. Y que no dependan de asesores contratados a honorarios, sino que de funcionarios de planta, con equipos estables como ocurre con el Metro, que debiera ser el ejemplo a tomar.

Este legado es mucho más necesario y urgente, pero es árido e inmaterial y no tiene cintas para cortar ni primeras piedras que poner. Por ello es probable que en un futuro gobierno veamos nuevos proyectos que se van acumulando para ser anunciados en décadas venideras. Déjà vu.