Lecciones tras el desastre: Es la hora de reconstruir Chile

Si las cifras de daños se confirman, nuestro país deberá aboradar un plan de reconstrucción sin precendentes en su historia reciente y que tardará años en concretarse. Es muy pronto para evaluar la magnitud del terremoto que azotó al país, aunque las cifras conocidas ya evidencian un escenario de catástrofe. […]

Si las cifras de daños se confirman, nuestro país deberá aboradar un plan de reconstrucción sin precendentes en su historia reciente y que tardará años en concretarse.

Ivan Poduje

Es muy pronto para evaluar la magnitud del terremoto que azotó al país, aunque las cifras conocidas ya evidencian un escenario de catástrofe. La destrucción de varios poblados costeros, la interrupción de las principales redes de infraestructura y la pérdida de medio millón de viviendas configuran un escenario que cuesta dimensionar.El problema residencial podría ser crítico, si consideramos que el foco del terremoto se produjo en las regiones de Maule y Biobío, que actualmente suman un stock residencial de más de 800 mil viviendas y casi tres millones de habitantes. Los efectos sociales y económicos son todavía impredecibles. Además del perjuicio histórico y patrimonial, la destrucción de los centros históricos debiera afectar seriamente el empleo y la provisión de bienes básicos, dado que en estos distritos se concentran las oficinas, comercios y servicios más importantes de Talca, Curicó o Talcahuano.

La situación de las áreas metropolitanas de Valparaíso y Santiago pareciera estar relativamente controlada, lo que es un alivio, debido al rol estratégico que cumplirán para asistir a las localidades afectadas. Los daños en la capital se habrían concentrado en el casco histórico y en un cuadrante de aproximadamente 2.500 hectáreas ubicado en el frente norponiente, donde colapsaron las estructuras de dos autopistas urbanas, del aeropuerto internacional y de varios edificios de departamentos, algunos con evidentes problemas de diseño. Es probable que esta situación se extienda hacia otros barrios del pericentro, lo que sólo podrá ser precisado cuando se elabore un diagnóstico acabado del estado de la construcción.

La ausencia de un diagnóstico tampoco permite determinar qué porcentaje del desastre se explica por errores de planificación urbana o diseño estructural, o por aspectos propios de un evento de esta magnitud. Ya habrá tiempo para determinar responsabilidades y tomar las medidas que correspondan, las que debieran ser comunicadas adecuadamente por la autoridad. La prioridad actual es precisar la magnitud del daño y normalizar la provisión de recursos y energía, lo que pasa por restituir la conectividad de la Ruta 5 Sur y de las vías transversales que acceden a Concepción y a las localidades costeras de la VII Región.Luego de ello, nuestro país deberá abordar un plan de reconstrucción sin precedentes en su historia reciente y que tardará años en concretarse. Si las cifras actuales se confirman, se deberán definir programas de rehabilitación, demolición y reasentamiento en al menos tres capitales regionales y 10 ciudades intermedias, lo que implicará levantar hospitales, edificios públicos, accesos viales y barrios completos para acoger a decenas de miles de damnificados. También es probable que se deban adaptar ciudades para recibir a los hogares que migrarán desde poblados que no se podrán recuperar, en especial los ubicados en la zona afectada por el tsunami.

Este esfuerzo monumental necesitará del concurso de todos, tanto para apoyar la materialización del plan, como para entender que los recursos fiscales comprometidos serán cuantiosos, lo que posiblemente obligue a postergar otras necesidades sociales. En este momento tan difícil, la principal esperanza que tenemos es nuestra historia. Aquella que permitió reconstruir cuatro veces Santiago o que permitió levantar Valparaíso y Valdivia luego de los terremotos de 1906 y 1960. El destino quiso poner a prueba nuestro temple una vez más, justo en el año del Bicentenario. Ahora depende de todos nosotros quedar a la altura de nuestros predecesores.

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