Ciclistas vs. peatones

Es indudable que el uso de las bicicletas ha aumentado explosivamente desde que la encuesta origen destino de 2006 lo cifró en un 3%. Algunos estudios estiman que este porcentaje se habría duplicado y que hoy se realizarían casi un millón de viajes diarios por este medio. Esta tendencia es […]

Ivan Poduje

Ivan Poduje

Es indudable que el uso de las bicicletas ha aumentado explosivamente desde que la encuesta origen destino de 2006 lo cifró en un 3%. Algunos estudios estiman que este porcentaje se habría duplicado y que hoy se realizarían casi un millón de viajes diarios por este medio.

Esta tendencia es positiva, ya que la bicicleta ha demostrado ser un medio competitivo con el auto, lo que reduce la congestión y las emisiones contaminantes. Dentro de sus ventajas está el control del tiempo de viaje, la libertad de ruta o la posibilidad de llegar de “puerta a puerta” con restricciones de estacionamiento relativamente reducidas.

Lamentablemente la ciudad no está preparada para recibir esta demanda, lo que ha generado conflictos que podrían agravarse debido a dos razones. La primera y más relevante, es el retraso en la construcción de infraestructura especializada para el uso de la bicicleta. De los 800 kilómetros de ciclovías prometidos en 2000, solo se han ejecutado 170 y muchos presentan problemas de diseño o continuidad intercomunal, especialmente en el barrio alto, donde el uso es más intensivo.

bici

Tampoco existe una red de puntos de transbordo que permita combinar viajes entre bicicletas y otros medios de transporte como Metro, lo que limita el uso de este modo en comunas alejadas de la periferia, que es donde viven gran parte de la población de Santiago.

La segunda razón es de orden cultural y se refiere a la actitud individualista e intolerante de unos pocos usuarios que asumen que su bicicleta tendría privilegios por sobre otros modos, y que ello les permitiría desplazarse por lugares no permitidos como aceras peatonales, paseos o autopistas.

La intolerancia viene de un grupo aún más reducido, que ve la bicicleta como la solución a un conjunto de males asociados a la ciudad o la sociedad contemporánea. Acá la bicicleta adquiere ribetes mesiánicos que pueden terminar en insultos a los automovilistas, protestas para exigir más espacio, o descalificaciones a cualquier persona que critique la desregulación que existe actualmente.

Para que la bicicleta adquiera el potencial que tiene, deben corregirse las deficiencias mencionadas. Primero, la autoridad debe acelerar la construcción de infraestructura especializada resolviendo las deficiencias de diseño y continuidad entre comunas. Ello puede hacerse rápido, ya que existen proyectos de bajo costo y positivo impacto.

En el tema cultural, los usuarios deben entender que el aporte de la bicicleta es ofrecer un modo de transporte privado de bajo impacto en congestión y contaminación. Ese es su gran valor público, sin perjuicio de las dimensiones más trascendentes que cada uno quiera darle y que no son constitutivas de derechos o pedestales para criticar a quienes por decisión, lugar de residencia o por trabajo, usan otros modos para desplazarse en la ciudad.

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