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Guetos de vivienda social

Resolver el problema de los guetos debiera ser un objetivo prioritario para el Ministerio de Vivienda En 2005, Alfredo Rodríguez y Ana Sugranes publicaron el libro Los con techo, mostrando el lado B de la exitosa política habitacional chilena, que junto con reducir el déficit y dar techo a miles […]

Resolver el problema de los guetos debiera ser un objetivo prioritario para el Ministerio de Vivienda

Ivan Poduje

En 2005, Alfredo Rodríguez y Ana Sugranes publicaron el libro Los con techo, mostrando el lado B de la exitosa política habitacional chilena, que junto con reducir el déficit y dar techo a miles de familias pobres, había configurado vastos sectores segregados de vivienda social. En las encuestas publicadas en el libro se demostraba cómo el sueño de la casa propia se había transformado en una pesadilla para el 90% de las familias que se sentía avergonzada del lugar donde vivía, o para el 65% que lo único que quería era cambiarse de casa.Desde la publicación de Los con techo se han creado programas para promover la construcción de viviendas más grandes y ampliables, eliminando la perniciosa tipología de los bloques. Además, se crearon subsidios para levantar conjuntos más cercanos y se implementó el programa «Quiero mi Barrio», destinado a mejorar los espacios públicos en barrios críticos y vulnerables. Pese a todos estos esfuerzos, el problema persiste y ha alcanzado una magnitud preocupante: hoy vive en barrios segregados 1,7 millón de chilenos, como lo pudimos comprobar en un estudio que publicó La Tercera este domingo.

Para llegar a estos resultados visitamos las 25 ciudades más importantes y construimos 7.000 indicadores para seleccionar, del universo total de barrios de bajos ingresos, aquellos que reunían las características de un «gueto», como una concentración importante de hogares pobres, en ubicaciones alejadas de los centros y coberturas de servicios muy inferiores a la media. También pudimos ver la inseguridad que se percibe en sus calles y almacenes, casi todos enrejados. O en sus espacios públicos, en su mayoría sitios eriazos sin iluminación ni mobiliario alguno. Por último, nos sorprendió constatar la existencia de verdaderas ciudades formadas por viviendas sociales, como el gueto de Alerce, en Puerto Montt, o Bajos de Mena, en Puente Alto, con la misma población que Punta Arenas.

Resolver el problema de los guetos debiera ser un objetivo prioritario para el Ministerio de Vivienda. El programa de recuperación de Condominios Sociales va en la línea correcta, ya que se focaliza en los bloques que presentan los índices más altos de marginalidad. Sin embargo, las inversiones comprometidas son muy escasas, al igual que los equipos profesionales destinados a ejecutarlas, lo que contrasta con el enorme esfuerzo puesto para construir 600 mil nuevas viviendas sociales o para erradicar los campamentos, un objetivo imposible que sigue siendo prometido por todos los gobiernos.

¿No sería mejor preguntarse qué pasará cuando las familias puedan salir de los guetos y dejen sectores de la ciudad inmovilizados? ¿Qué destino tendrán estos lugares? ¿Qué ocurrirá con aquellos que no puedan escapar y que deban vivir en un entorno que sólo refleja temor, desesperanza y frustración? En este caso no debiera extrañar ver disturbios similares a los observados en Londres hace pocos meses, o en París hace algunos años. Sería la protesta de los verdaderos indignados, para los cuales las metas de país desarrollado suenan como una mala broma.