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Las siete cabezas de IVÁN PODUJE

Por Estela Cabezas Más de una veintena de llamados de políticos, académicos y alcaldes recibió esta semana Iván Poduje por su columna sobre las razones de la balacera en Maipú: según él, la falta de proyectos de infraestructura en los barrios vulnerables. ‘Es un tema que vengo trabajando desde hace […]

Por Estela Cabezas
Más de una veintena de llamados de políticos, académicos y alcaldes recibió esta semana Iván Poduje por su columna sobre las razones de la balacera en Maipú: según él, la falta de proyectos de infraestructura en los barrios vulnerables. ‘Es un tema que vengo trabajando desde hace 20 años’, dice. Aquí, el arquitecto da cuenta de varios proyectos de remodelación de espacios públicos que quedaron interrumpidos, y que, asegura, hay que reactivar con urgencia. También habla de cómo deberían ser las comisarías en estos barrios y advierte sobre las bandas que podrían surgir en el futuro desde los actuales guetos de inmigrantes. La solución que propone es la integración territorial.
Esta semana recibió una veintena de llamadas de políticos, académicos y alcaldes para hablar del narcotráfico, la segregación de las ciudades y sus propuestas al respecto. En una columna que publicó en El Mercurio la semana pasada, afirmó que la balacera ocurrida en la plaza de Maipú, que terminó con un muerto, se debe más al lugar dónde ocurrió el hecho que al tema de las bandas del narcotráfico. Su opinión caló hondo en varios mundos.

En la carta daba cuenta de que esta situación sucede desde hace tiempo en distintas periferias urbanas que han sido invisibilizadas, y daba datos como que en la población El Castillo, de La Pintana, murieron el año pasado 23 personas por enfrentamientos entre traficantes. Según decía, esa misma violencia afectaba también a la población Parinacota, de Quilicura; Bonilla, de Antofagasta; y Las Américas, de Talca.

‘¿Qué tienen en común estos sectores? Además de estar alejados de todo, surgieron de programas habitacionales destinados a familias de escasos recursos que venían de sectores distintos y que no se conocían entre sí. Esta falta de arraigo y de redes de apoyo fue fatal, ya que dejó a los niños solos y desprotegidos ante las bandas que los capturaron como adictos y soldados’, escribió.

Por eso, una de sus propuesta, más que seguir invirtiendo en seguridad y policías, es tener mayor inversión en infraestructura, incluidas las comisarías, pero no para hacer más seguras las zonas, sino que más amigables con el entorno. Todo esto acompañado de la elección de carabineros de élite para hacerse cargo de estos lugares.

-La comisaría de El Castillo, donde estamos desarrollando el proyecto Parque La Esperanza, es un buen ejemplo de lo que digo que se debería hacer. Esta era una de las comisarías más complejas del sector, estaba completamente infiltrada por narcos, y entonces trajeron a un carabinero que había sido escolta de la Presidenta Bachelet, y se produjo un cambio. Él hizo limpieza y hoy hay una mística distinta.

-¿Y qué es lo que sucede en las comisarías de los sectores más vulnerables?

-Hay muchas que están a cargo de carabineros tipo Rambo que entran en la noche buscando narcos, patean puertas y les pegan hasta a los niños. Y se trata de las comisarías que sufren mayores ataques. Acá, en esta comisaría pasa a veces, pero mucho menos que antes. Antes, era pan de cada día.

‘Gracias a este carabinero, que tiene la misma formación, pero que a la vez es distinto, la comunidad también se siente parte. Imagínate que la gente que vive acá está sola, los Cesfam no existen, están destruidos, muchas de las cosas con las que llega el Estado a los ciudadanos acá no funcionan’.

-Es bien complejo lo que plantea, sobre todo en época de aumento de la delincuencia y del narcotráfico. ¿Por qué cree que resultaría?

-En los últimos 20 años he trabajado en casi todas las comunas de Santiago; entonces, conozco del tema.

Iván Poduje, arquitecto urbanista, 52 años, casado, dos hijos, cuenta que su primer acercamiento al tema de los barrios vulnerables fue en 2003.

-Partí haciendo clases en la Católica y en la primera clase les hice dibujar a mis alumnos un mapa de lo que conocían de Santiago. Era un ejercicio, y ellos dibujaron un sector chico y el aeropuerto, nada más. Con suerte había unos que vivían en Maipú y dibujaban un poco más, pero una gran parte de la ciudad estaba invisibilizada. Ahí empezamos a arrendar buses para ir a conocer otros lugares.

‘Cuando tienes entornos complejos de mucha violencia y los espacios se ocupan de noche, necesitas reconquistarlos, y la manera es que vayan los niños’.
-¿Usted conocía Santiago?

-Siempre he conocido, porque participábamos en muchos proyectos en San Bernardo, Quilicura, pero no había entrado profundamente a estos territorios. Así que para mí también fue un aprendizaje.

Poduje dice que en esa época no se veía narcotráfico.

-El foco eran los problemas de segregación física, viviendas hacinadas, faltas de espacios públicos y largos tiempos de viajes. Lo que más me impactó fue la mala calidad de la vivienda nueva, porque se habían construido en los 90. La casa Copeva. Y lo segundo que me llamó la atención fue el abandono de espacios públicos y todos esos condominios en bloque que se cerraban al entorno, donde el espacio común ya no existe.

Así, dice, con Atisba, su oficina de urbanismo, se fue metiendo cada vez más en esos territorios, ‘entendiendo la magnitud del problema’. Comenzaron a trabajar con varios alcaldes e invirtieron recursos propios, hasta que en 2010 publicaron Guetos en Chile, una investigación donde, entre otras cosas, se mostró la realidad de Bajos de Mena, en Puente Alto, uno de los sectores más postergados de Santiago.

Cuenta que en esa época, Guetos de Chile fue muy criticado por sociólogos, porque ‘siempre dicen que uno estigmatiza cuando nombra. Nosotros concluimos que Bajos de Mena era el barrio más segregado de Chile. Nadie sabía qué era Bajos de Mena, ni lo conocían. Al punto que Óscar Contardo, que escribió una columna en La Tercera, fue y me escribió: ‘Iván, no logro dar con Bajos de Mena, ¿dónde está?’. Y es que ni siquiera se conocía con ese nombre. Nosotros trabajamos con información censal para saber cuánta gente vivía ahí, y el distrito censal se llamaba Bajos de Mena, pero la población era El Volcán 1, 2 y 3. Pusimos el tema en la agenda de la segregación a gran escala.

Lo que vino después fue trabajar en propuestas para llevar el metro a ese sector.

-Es que una de las cosas que profundizó el problema de los territorios invisibilizados fue el Transantiago. No es tesis de nosotros, es algo muy estudiado. Las ciudades se van fracturando en más visibles y menos visibles. Y las más invisibles son las que están más lejos, y eso genera que los niños no tengan esperanza, que caigan capturados por los narcotraficantes, y que estas organizaciones se puedan meter. El Transantiago fue muy dramático, porque alejó más a estos sectores al aumentar los tiempos de viaje.

El narcotráfico, cuenta, apareció para ellos en 2017.

-Fue cuando la Fiscalía publicó un informe donde había mapas georreferenciados con los delitos; entonces, nosotros agarramos los mapas, los digitalizamos y los cruzamos con nuestra información de donde estaban los bloques, los sitios eriazos, los barrios segregados. Y ahí se mostraba cómo, claramente, los dos lugares se cruzaban.

En 2018, la alcaldesa de La Pintana, Claudia Pizarro, habló con Poduje sobre la necesidad de transformar algunos sitios eriazos en un espacio para la comunidad.

-Con ella trabajo desde hace años. Ella tenía varios puntos conflictivos en su comuna, uno era La Platina, un terreno gigantesco en Santa Rosa que es fiscal y está botado. Pero El Castillo era particularmente complejo, porque se trata del barrio más violento en Santiago, según las cifras.

Fue así como hicieron un plan integral que incluía el Parque La Esperanza, pero además una remodelación de todo el sector El Pantano, donde se concentra el narcotráfico, según dice.

-Lo bonito que tiene el proyecto es que considera que la empresa amplíe sus instalaciones hacia ese terreno eriazo, lo que va a generar empleo. Que después haga un loteo para poner servicios y luego está el Parque La Esperanza. Entonces, es todo un territorio que queremos transformar.

‘También estamos muy inspirados en lo que han hecho algunos colegios que se han instalado ahí. Este es un rectángulo que tiene campo por arriba y por abajo, terrenos rurales o agrícolas, y en el limite de abajo, que es donde está este proyecto, hay colegios de la Fundación Nocedal. Estos son los que, de alguna manera, entregan esperanza real, tienen excelencia académica, los niños luego pueden entrar a Centros de Formación Técnica o universidades. Es un motor de movilidad social, pero están muy aislados’.

El plan integral planteaba la expropiación de un terreno de 50 mil metros cuadrados, que implicaba una gran intervención en áreas verdes, abrir pasajes y pavimentar calles, entre otras medidas, con un costo de $32.600 millones en diez años.

Iván Poduje cuenta que el Gobierno había comprometido el dinero, pero tras el estallido social, el proyecto perdió prioridad.

-¿Dónde quedó ese dinero?

-Realmente no sé. Pero ahora estamos volviendo a posicionarlo y juntarnos con autoridades, ya conseguimos que los privados, que son los dueños del terreno, lo entreguen en comodato, y que otros privados puedan financiar algunas de las obras.

Poduje dice que se necesitan unos 2.500 millones de pesos para la primera etapa.

-Cada vez estamos achicando más la plata, porque hay que partir; entonces son 200 millones los que se necesitan para hacer la primera cancha con una plaza e iluminación. Hoy este lugar sigue siendo un sitio eriazo que, como muchos, está tomado, lo usan de escombrero, se roban las rejas, trafican drogas, hay prostitución infantil.

Para desarrollar este proyecto habló con vecinos, dirigentes y se hicieron talleres en el municipio.

-Esto es muy frustrante, porque los vecinos han dicho muchas veces, no solo en La Pintana, sino en otras comunas, que van, trabajan, se escuchan sus ideas y al final no se concretan. Por eso cuando el proyecto deja de ser prioritario, yo sigo trabajando con la alcaldesa y con privados para cumplirle a los vecinos. Y esto es a lo que me refiero en la columna: este tipo de cosas es lo que va a ayudar a combatir el narcotráfico, y no puede ser que sea tan difícil sacarlo adelante. Debe haber una decisión del Estado de darle prioridad.

Dice que este problema que se ve en El Castillo -narcotráfico, hacinamiento, delincuencia, sitios eriazos- se repite en alrededor de 50 barrios críticos que hay en Santiago y en regiones.

-Estoy convencido de que si en estos lugares traes de vuelta al Estado, si cambias los paisajes, si mejoras la luminaria, se hará un gran cambio para el futuro. Todo esto es importante para los niños hoy. Hay poco que se puede hacer con quienes ya están metidos en la delincuencia y el narcotráfico. El cambio ahora hay que hacerlo pensando en el futuro.

Iván Poduje saca a colación el caso de Medellín, en Colombia.

-Entre 2004 y 2007, el alcalde de Medellín de esa época, Sergio Fajardo, logró bajar la tasa de delincuencia. Lo hizo con un plan de reapropiación de la ciudad, recuperando los barrios e impidiendo que el cartel entrara de nuevo. Hay que trabajar en ese sentido.

En el corazón de Bajos de Mena está el Parque Juan Pablo II, construido en el período de la Presidenta Bachelet. Se trata de un oasis verde en medio de un desierto de calles con basura en cada esquina, llenas de tierra y por donde los buses del Transantiago pasan una vez en la mañana y otra en la tarde.

-Este parque es muy importante para la zona. Cuando hacemos trabajos con los niños y les pedimos que dibujen los lugares que más valoran de sus barrios, este es el que sale. Y se mantiene perfecto, porque hay alguien que lo cuida, en este caso el Minvu.

Iván Poduje cuenta que el parque era parte de un plan integral, que incluía un centro cívico, pero que en diez años no se ha avanzado nada.

-A nada de esto se le da la importancia que realmente tiene. Seguir con la construcción debería ser prioridad, pero ahí quedaron los sitios eriazos y ahora son focos de delincuencia y narcotráfico. Al frente del parque hay un proyecto de viviendas sociales que lleva seis años en estudio. ¡Seis años! Eso significa que no es prioridad.

A seis cuadras de ahí está la Villa El Volcán, la misma de las casas Copeva, que debía ser demolida.

-Han demolido más de mil quinientas, pero aún quedan, porque se las tomaron los narcos y hoy viven allí. Entonces vuelves a tener un proyecto que no se terminó. Además de estos lugares, están todos estos otros que quedaron en el camino, porque no hay una decisión política con ellos. Hay otros que sí funcionan, como el Centro Cívico de La Granja, que cuenta con una comisaría amigable, áreas verdes y plazas integradas. ¿Y por qué funciona? Porque hay una administración a cargo.

-Hace unas décadas se planteaba hacer una plaza en cada esquina, darles áreas verdes a cada cuadra.

-Eso funciona, pero cuando tienes entornos tan complejos como este, donde hay mucha violencia y los espacios se ocupan de noche, necesitas reconquistarlos, y la manera es que vayan los niños. Para que vayan, tienen que haber actividades y alguien que organice y administre, necesitas monitores, por eso creo en el desarrollo de proyectos grandes en estos lugares más críticos. Nuestros sueños son las piscinas temperadas, grandes y abiertas.

Poduje cuenta que eso lo vio en los cerros de Viña del Mar.

-La alcaldesa Reginato armó los clubes de deportes, y ahí incluyó a profesores de educación física, y se desplegaron en los barrios más duros con estas piscinas y canchas, y van todos los colegios todos los días. Si esa actividad la combinas con escuela, con juegos y con entretención, logras hacer el cambio.

-Pero eso es mucho más caro que solo parques en cada esquina.

-¿Es más caro para quién? Esa discusión la he tenido cientos de veces. ¿Es caro respecto al costo de reparación posterior? ¿Caro respecto a un subsidio del Transantiago de 800 millones de dólares por año? Recursos hay, además hay empresas que pueden ayudar. Debe haber una inversión del Estado y de privados.

Poduje menciona otro tema que le preocupa:

-Los haitianos, es un tema del que hay que preocuparse ahora, porque se están formando nuevos guetos. En Quilicura ya se fueron los dueños originales, y se los arriendan a haitianos, en condiciones de aislamiento similar a lo que pasa en Bajos de Mena, y lo que vas a tener ahí en el futuro son niños chilenos, hijos de haitianos, con barreras culturales y raciales, y vas a tener un problema gigante de bandas en 10 años más. Eso paso en El Salvador. La Mara Salvatrucha se armó con gente que escapó de la guerra y se fueron a las ciudades grandes de Estados Unidos, quedaron excluidos, porque se fueron a los barrios más marginales, y se generaron las bandas. Aquí podemos tener ese problema en Lo Espejo, San Bernardo, Quilicura. Allí tienes bloques solo con haitianos. Estas personas no son el problema en si, sino que viven en un ambiente agresivo. Primero, son excluidos por sus vecinos. Luego, son estafados por chilenos, porque como no tienen papeles, les arriendan a unos precios terribles. Y tercero, les pasa lo mismo que ocurrió en El Castillo, donde las familias llegaban desarraigadas, se iban a trabajar y el niño quedaba solo, pero en este caso es más complejo. Entonces, la banda es el lugar para protegerse. Es urgente que trabajemos ese tema a través de la integración territorial.

‘Si en estos lugares traes de vuelta al Estado, cambias los paisajes y mejoras la luminaria, se hará un gran cambio para el futuro’.

En octubre pasado, Iván Poduje lanzó el libro Siete Kabezas, una crónica sobre sus reflexiones durante el estallido social, que ha sido destacado cómo una de las lecturas imperdibles para entender el año 2020.

-Parte de mi trabajo es caminar por Santiago, en estas villas periféricas, donde he podido conocer esa realidad. Entonces, cuando vi la magnitud de lo que sucedía (el estallido), al otro día me lancé a caminar por la ciudad para ver de primera fuente lo que pasaba.

Cuenta que ese día caminó por Vicuña Mackenna, donde vio la destrucción que estaba quedando.

-Ahí vi por primera vez a las barras bravas bajándose de las micros. Venían muy agresivos. El fenómeno de las barras me había tocado estudiarlo por los efectos que tenían en los barrios, y pensé que esto se iba a poner color de hormiga. Tomé el metro en Santa Isabel y me bajé en el Paradero 14. Llegué hasta el Sotero del Río, porque ya no se podía seguir. Otro día fui al centro de Maipú, hice un recorrido como de 15 comunas y todo eso sale en el libro. Vi gallos tirando chuzos al viaducto del metro, fue muy fuerte, porque yo había trabajado en proyectos para expandir líneas de metro, y ver todo eso destruido… Bueno, y además la gente te decía, esto es una gran cagada, pero esperamos que venga algo bueno después. Había esperanza en la violencia.

Ese enojo, dice, fue lo que lo hizo comenzar a utilizar Twitter para hacer sus descargos sobre lo que pasaba, e interpelar a quienes ‘romantizaban la violencia y la transformaron en épica’.

-Pero todo eso quedó atrás. Ahora estoy determinado a tener una vida pacifica en Twitter. Si hay que hacer un punto, lo hacemos, como fue en el caso de los fuegos artificiales, donde me di cuenta de que los que votaron en contra de la ley que regula estos fuegos son los mismos diputados que querían indultar a los presos del estallido, que están por delitos graves. Me pareció mal y lo dije. Porque estoy convencido de que ellos juegan a la guerra con los más humildes, y me parece indignante, porque nunca pagan costo alguno. Escribí varias columnas con el título ‘Jugar a la guerra’ y se las dediqué a Boric, a Jackson. Pero yo, de verdad, ya no quiero polemizar.