Otra oportunidad

Iquique superó la prueba del terremoto, pero la peor parte se la llevó Alto Hospicio, la zona más vulnerable y segregada de la ciudad. Ahora, su reconstrucción presenta una nueva oportunidad de hacer las cosas bien. ¿Cómo es posible que la cárcel de Iquique esté en una zona de riesgo […]

Iquique superó la prueba del terremoto, pero la peor parte se la llevó Alto Hospicio, la zona más vulnerable y segregada de la ciudad. Ahora, su reconstrucción presenta una nueva oportunidad de hacer las cosas bien.

Iquique¿Cómo es posible que la cárcel de Iquique esté en una zona de riesgo de tsunami? La pregunta era lógica luego de que se informara de la fuga de 300 reclusas cuando eran evacuadas luego del terremoto que afectó a las regiones de Tarapacá y Arica-Parinacota la noche del martes.

Esta zona de riesgo fue delimitada por el Shoa a partir de registros históricos del área afectada por un gran tsunami que en 1877 devastó esta localidad, con olas de más de 20 metros de altura. Con estos antecedentes, había motivos para preocuparse, aunque la realidad era mucho más alarmante. Lo que muchos desconocían era que el 40% del área urbana de Iquique estaba en la misma zona de riesgo que la cárcel y que ello incluía todo el centro, la ZOFRI, el distrito turístico de Cavancha, oficinas y servicios públicos como la Intendencia o la municipalidad. Así, este martes, el corazón económico de servicios de Iquique estaba en la trayectoria del más temido megaterremoto del país, que se venía anunciando hace meses, y para el cual los iquiqueños se habían preparado por décadas como quedó demostrado con la impecable organización que tuvieron para evacuar las zonas de riesgo.

Afortunadamente el megaterremoto no llegó. Las olas afectaron una zona muy menor y la ciudad resistió bien el sismo. Si bien no hay diagnósticos oficiales de daños, todo indica que ninguna de las 140 torres de departamentos colapsó ni tuvo que ser evacuada por problemas estructurales, y lo mismo ocurrió con la gran mayoría de las viviendas del plan, los barrios antiguos y nuevas las zonas de expansión.

Iquique demostró, nuevamente, la capacidad de las ciudades chilenas para resistir embates de la naturaleza que harían estragos en otras partes del mundo. Esto habla muy bien de la cultura local, de la norma sísmica y de las constructoras que la respetaron y no cayeron en las conductas criminales observadas en la tragedia del Alto Río de Concepción. Sin embargo, el terremoto también dejó en evidencia la peor cara de las ciudades chilenas, al golpear con dureza a Alto Hospicio, la zona más vulnerable y segregada de Iquique.

Este asentamiento que partió como una toma, en los últimos 30 años ha recibido casi todas las viviendas sociales de la región, hasta transformarse en una comuna dormitorio de 85 mil habitantes con un solo acceso que resultó dañado por el sismo, al igual que más de 2.500 viviendas.

Siempre se ha dicho que los terremotos son oportunidades para mejorar lo que existía, lo que lamentablemente ocurre muy poco debido a la premura por salir de la urgencia y reponer lo dañado en un período de gobierno. Hoy es el momento de cambiar la historia y aprovechar la reconstrucción de Alto Hospicio para resolver los problemas que esta comuna acumula por años en materia de conectividad, ejecutando el postergado teleférico hacia Iquique o una nueva ruta de conexión. Lo mismo para resolver la falta de servicios o la mala calidad de muchos barrios y viviendas. Además, es necesario que los estudios de riesgo se tomen en serio y que sean vinculantes con los planes reguladores que definen hacia dónde y cómo deben crecer las ciudades, una tarea que todavía está pendiente luego del 27-F.

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