Parques Urbanos: la tarea pendiente

Por Iván Poduje, Urbanista UC. En este libro, Miguel Laborde repasa el origen de los parques más importantes de Santiago -incluidos el Forestal, Santa Lucía y San Cristóbal- y revela todos los obstáculos que tuvieron que salvar para lograr su materialización. Su lectura obliga a preguntarse por qué siguen inconclusos […]

Por Iván Poduje, Urbanista UC.

En este libro, Miguel Laborde repasa el origen de los parques más importantes de Santiago -incluidos el Forestal, Santa Lucía y San Cristóbal- y revela todos los obstáculos que tuvieron que salvar para lograr su materialización. Su lectura obliga a preguntarse por qué siguen inconclusos proyectos como el parque André Jarlan.

A fines del año pasado, el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo publicó la primera encuesta de percepción de la calidad de vida en las ciudades chilenas, realizada a 6.200 habitantes de Santiago y regiones.  Los resultados sorprendieron: el 76% de los encuestados estaba satisfecho con la calidad de sus barrios y el 58% pensaba que en los próximos años su estándar mejoraría. Como contrapartida, la encuesta mostró que el principal problema de nuestras ciudades es la carencia de áreas verdes, confirmando la relevancia que debiera tener este tema en el diseño de futuras políticas públicas urbanas y ambientales.El libro “Parques de Santiago” de Miguel Laborde aporta antecedentes valiosos para apoyar esta discusión. Sus 199 páginas registran con lujo de detalle los 31 parques más importantes de la capital, describiendo sus especies y recorridos peatonales, con fotos que ilustran rincones notables y probablemente desconocidos para la mayoría de los santiaguinos. Por otro lado, su autor repasa el origen de cada iniciativa, y nos presenta a los personajes e instituciones que fueron claves en su diseño y materialización, revelando los obstáculos que tuvieron que salvar para llevar a cabo proyectos que hoy en día parecen verdaderas utopías.

Sólo para tener una idea, Laborde nos recuerda que ya en 1930 estaban construidos los grandes parques O’ Higgins, Quinta Normal, Santa Lucía, Forestal y San Cristóbal, los cuales cubrían un porcentaje relevante de la superficie de Santiago. Si quisiéramos replicar esta proporción para el Bicentenario, habría que materializar más de 3.700 hectáreas de áreas verdes, lo que equivale a la superficie completa de las comunas de Santiago y Providencia. Es posible que los lectores se sigan sorprendiendo al saber que el parque Bustamante se levantó sobre los antiguos rieles del tren a Pirque, reconvirtiendo 9 hectáreas de patios ferroviarios, o que el parque Almagro se construyó recién en 1983 luego de demoler más de 12 manzanas de viviendas deterioradas de Santiago centro. Qué decir de aquellos parques que se erigieron sobre basurales o sitios abandonados en las riberas del Mapocho, como el Forestal o Los Reyes, y que lograron inducir procesos de renovación urbana que perduran hasta hoy.

Este libro se presenta en cuatro capítulos que agrupan los parques según su tamaño y relevancia metropolitana. Su lectura permite conocer los distintos roles que han cumplido los parques a lo largo de la historia, desde los primeros que buscaban embellecer Santiago, creando una ciudad similar a París, hasta aquellos que pretendían incentivar la actividad deportiva o reactivar zonas deterioradas. En este recorrido, Laborde destaca con razón el rol del Programa de Parques Urbanos creado por el ministro Alberto Etchegaray en 1990, ya que fue el primero que levantó parques en comunas periféricas de bajos ingresos, legando obras notables como La Bandera, Mapocho Poniente o el André Jarlan.

Después de este impulso, los parques dejan de ser una prioridad pública. Por razones que cuesta entender, el Estado elimina el Programa de Parques Urbanos y delega su función en instituciones que carecen de recursos para desarrollar nuevos proyectos y que con dificultad logran administrar los parques existentes. En parte por ello, las iniciativas de estos últimos 10 años se concentran en municipios de altos ingresos, dejando inconclusos el parque André Jarlan, la cuarta etapa del parque de los Reyes y vastas zonas normadas como áreas verdes pero que siguen siendo sitios eriazos. Este sombrío panorama podría cambiar si se concretan las iniciativas descritas en el último capítulo del libro. Particularmente relevantes son los parques Bicentenario (Cerrillos) y los inundables de La Aguada y La Hondonada, ya que reconvierten pasivos urbanos transformándolos en motores de desarrollo e integración social. Las ideas están sobre la mesa y la experiencia descrita por Laborde demuestra que es posible concretarlas y que sus beneficios sociales pueden ser enormes. Por ello sería deseable que este tema estuviera en la agenda de los candidatos presidenciales, que hasta ahora han dicho poco o nada en materia de ciudad.

Parques de Santiago
De Miguel Laborde
$ 15.000 en librería Qué Leo
Frase destacada: “Cuando nos acercamos al Bicentenario con una megalópolis de 80.000 hectáreas, es decir una ciudad doce veces mayor que la de 1930, estamos muy lejos todavía de tener la proporción y la calidad de áreas verdes de esos años”.
Se lo recomiendo a: los candidatos presidenciales.

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