Pensando la Ciudad que Crece

A veces, el acelerado ritmo que llevamos nos impide reflexionar acerca del lugar en donde queremos vivir. Por esta razón, congregamos a un grupo de arquitectos y entrevistamos a otros para hablar y discutir sobre la correcta dimensión geográfica, pero también social, que Santiago debiese tener para ser una capital […]

A veces, el acelerado ritmo que llevamos nos impide reflexionar acerca del lugar en donde queremos vivir. Por esta razón, congregamos a un grupo de arquitectos y entrevistamos a otros para hablar y discutir sobre la correcta dimensión geográfica, pero también social, que Santiago debiese tener para ser una capital más amigable y sostenible.

¿Hacia dónde va nuestra arquitectura urbana? Es la pregunta que nos planteamos cada vez que hablamos de ciudad y cómo ésta debiera desarrollarse en beneficio de todos, más si pensamos que nuestra densidad urbana va en aumento y sólo Santiago espera reunir dentro de los próximos 20 años a más de 8 millones de habitantes.Un hecho que impacta y nos crea la necesidad de preguntarnos cómo generar una urbe bien pensada, motivándonos de paso a convocar aun grupo de arquitectos y urbanistas, tanto nacionales como internacionales, para que bajo su mirada nos hablen de este tema.

¿Ciudad compacta o de extensión?

Esta fue la pregunta que terminó siendo el núcleo del debate e hilo conductor de nuestra conversación. Y es que en el mundo ejemplos de ciudades pensadas para vivir, trabajar y disfrutar de manera armónica, como Barcelona, son posibles y así, por ejemplo, lo dejó demostrado en su paso por Chile el arquitecto español Luis Alonso, manifestándonos ser un férreo defensor de la densificación.

“La regeneración urbana de hoy debe ir hacia una ciudad compacta y la edificación en altura, acompañada de una sensibilidad extra arquitectónica de mezcla de usos”, cuenta el catalán, fundador de la oficina Alonso Balaguer y Arquitectos Asociados, quien cree además que uno de los grandes errores de urbanismo del siglo XX es lo que ocurre en las ciudades americanas, donde se fueron creando guetos unifuncionales “como una especie de mancha de aceite”, afirma. El arquitecto Gonzalo Mardones aclara que, esta discusión pasa por un tema de planteamiento, según afirma, “al igual que en la ciudad, cuando en la arquitectura no hay ideas previas bien resueltas, simplemente lo que resulta es pura construcción”. Esta misma línea sigue Cristián Boza, quien cree que la expansión de la ciudad “no le ofrece nada al ciudadano”. Para el profesional, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, la ciudad compacta, por el contrario, promete una mejor calidad de vida, genera hitos urbanos y origina el concepto de barrio que en sus inicios tuvo Santiago.

Sin embargo, hay opiniones que aportan un matiz diferente, como es el caso del arquitecto Pablo Contrucci, quien durante 10 años trabajó en la Corporación para el Desarrollo de Santiago. Para este entendido, la expansión es inevitable e imprescindible en contextos de crecimiento demográfico y económico. Algo que, según él, no es malo “porque una ciudad que crece sanamente en los distintos ámbitos siempre es una muy buena noticia para los ciudadanos y acoge más fácilmente las nuevas economías”.

Y si seguimos analizando este fenómeno de ciudad en expansión, Iván Poduje, arquitecto y socio de Atisba Consultores, afirma quemás que hablar de un modelo físico que garantice un crecimiento de calidad, el desafío está en saber ordenar correctamente los espacios públicos, áreas verdes, servicios y residencias, es decir, generar ciudades bajo estándares y exigencias de urbanización.

Pero para muchos esta idea todavía no se ha logrado plasmar en el gran Santiago porque en esta capital se ha producido un crecimiento exacerbado, que al no ser pensada como un todo, no termina por cerrar la idea de ciudad, “más bien la deja inconclusa”, acota Albert Tidy, permitiendo que se creen híbridos que permean muchos de los conceptos de expansión y otro tantos de ciudad compacta.

Tidy cree que una ciudad puede crecer naturalmente, pero en la medida que se hacen bien las tareas ya que, una expansión no necesariamente origina una mala ciudad.

Complicidad entre la clase política y arquitectónica: Una real necesidad

Si bien son válidas y variadas las opiniones que se tienen respecto al correcto crecimiento de nuestra urbe, la necesidad de un ordenador mayor o alcalde mayor que lidere el tema e incentive la participación a la hora de generar ciudad, es causa común que une a los entendidos en este tema. Así de inmediato surgen ejemplos como lo hecho por el alcalde Bloomberg con su revolucionario PlaNYC 2030, que proyecta convertir a Nueva York en la primera mega urbe medioambientalmente sostenible del siglo XXI a través de puntos como viviendas asequibles, recuperación de terrenos baldíos o las mejoras de los cursos de agua, pensando en el crecimiento sostenido de la población. Bloomberg entonces representaría lo que en el siglo XIX hizo el barón Haussmann en París al proyectar bulevares que hoy le entregan carácter a esta ciudad, avalando con ello el concepto de alcalde mayor, con ideas claras y suficiente poder para desarrollar un hilo conductor que perdure.

En este sentido, complementa Luis Alonso, lo que hace falta en nuestro país a la hora de generar ciudad es “una voluntad política clara y un equipo de arquitectura con suficiente consistencia y reconocido prestigio que lidere el tema”. Y es que es necesario potenciar el espacio público y dar valor a los que son nuestros mayores activos, como el emblemático Río Mapocho, cuyo aprovechamiento urbanístico ha sido relegado, quedando sólo en algunos proyectos esbozados aunque sin ningún objetivo claro, como lo es el Río Sena para París o la costa mediterránea para Barcelona.

Un buen ejemplo histórico en Chile, donde se logró una correcta complicidad entre las fuerza política y el capital arquitectónico, lo hace presente Cristián Boza, cuando en los años 30 el presidente de ese entonces, el militar Carlos Ibáñez del Campo, junto al urbanista austriaco Karl Brunner idearon el actual barrio cívico de Santiago, el que constituye hoy una de las zonas más interesantes de la capital. “Aquí se normalizó la altura y se aisló el palacio de gobierno de un modo implacable”, cuenta.

De esta manera, podemos concluir afirmando que un gran ordenador entendido, fuerte y “con una libertad de atribución y visión de estado”, afirma el arquitecto Albert Tidy, es necesario para crear una adecuada y correcta ciudad.

Nos referimos a una cabeza que, para el consultor urbanista Pablo Contrucci, necesariamente debe hacer crecer a la ciudad en territorios que se integren tanto social como funcionalmente, combinando positivamente las actividades que ahí se originan.

Pero esta responsabilidad debe recaer también en cada uno de nosotros, a través del diálogo y la constante participación ciudadana, tomando el compromiso de hacer crecer nuestra ciudad en la forma correcta y no lamentarnos en un futuro de malas decisiones, en que todos y la sociedad por completo se pueda ver afectada en su calidad de vida.

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