Un zar sin corona

El único zar posible para la reconstrucción es el Presidente o un ministro que se dedique exclusivamente al tema. El Gobierno está evaluando designar a un delegado presidencial que acelere la entrega de viviendas a los damnificados que viven en campamentos a fin de evitar nuevos estallidos sociales como los […]

El único zar posible para la reconstrucción es el Presidente o un ministro que se dedique exclusivamente al tema.

Ivan Poduje

El Gobierno está evaluando designar a un delegado presidencial que acelere la entrega de viviendas a los damnificados que viven en campamentos a fin de evitar nuevos estallidos sociales como los ocurridos en Dichato. Este anuncio se suma a un paquete de medidas para agilizar la entrega de subsidios, incluyendo opciones de autoconstrucción asistida o incentivos para repoblar los cascos históricos.

Se trata de buenas señales, ya que reconocen que la reconstrucción está en problemas y que deben tomarse medidas extraordinarias para apurar su marcha. Tal como tituló La Tercera el domingo, el avance en viviendas llega sólo a un 23%, lo que contradice los anuncios que se hicieron al conmemorar el primer año del 27/F, cuando se dijo que la mitad de la tarea estaba terminada. Y el asunto es mucho más complejo si se descuentan las reparaciones y se incluyen sólo las viviendas nuevas: el avance es apenas del 3%, lo que obliga a levantar 3.200 unidades mensuales para terminar en marzo de 2014.

¿Qué puede hacer un delegado presidencial en este complicado escenario? La verdad es que casi nada. Podría ser un facilitador que calme los ánimos en los campamentos y promueva acuerdos entre damnificados y autoridades, pero esta figura ya existe y no es lo que se requiere. Para aceitar la máquina de la reconstrucción, el delegado debe tener atribuciones para tomar decisiones que se implementen en poco tiempo, lo que en el Estado implica capacidad de mando. Un delegado no las tiene y sin ellas correrá la misma suerte del secretario ejecutivo del Comité Interministerial de la Reconstrucción, que fue presentado como el «Zar de la Reconstrucción», pero que debió renunciar al darse cuenta que no tenía facultades para cumplir con su labor.

En los hechos, el único zar posible es el Presidente de la República o un ministro que se dedique exclusivamente al tema con un equipo potente en regiones, aunque ello implique delegar el grueso de sus tareas regulares en el subsecretario, como ocurrió en Transportes con el Transantiago. Pero esto no basta. Además deben aprobarse leyes para agilizar los trámites de expropiación, modificación de planes reguladores y obtención de permisos de construcción, que siguen siendo engorrosos en comunas afectadas por el 27/F. Por último, debiera analizarse la idea de ejecutar compras masivas de viviendas prefabricadas de buena calidad para ubicarlas en sitios aislados, que es el principal cuello de botella para avanzar rápido.

Con estos cambios, la reparación y reposición de viviendas podría terminarse en los 32 meses que restan de gobierno. Sin embargo, esto no quiere decir que la reconstrucción habrá finalizado. Sólo se habrá solucionado el 28% del daño, quedando pendientes los nuevos hospitales, la recuperación de centros históricos y bordes costeros o las grandes obras de infraestructura prometidas para Concepción, Talcahuano o Constitución. Es en estos desafíos, y no en la vivienda solamente, donde Japón o Estados Unidos se han demorado cerca de 10 años. Lamentablemente, Chile no será la excepción, y no podría serlo con una economía 20 veces más pequeña y sin instituciones especializadas en el tema como las que tienen estos países desarrollados.

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