¿Viña ciudad bella?

A 135 años de su fundación, Viña del Mar sigue siendo el principal destino turístico de Chile, lo que se explica, en buena medida, por un conjunto de transformaciones urbanas que tuvieron lugar entre 1930 y 1970. Visto en retrospectiva, es increíble lo que se logró en solo 40 años […]

Ivan Poduje

Ivan Poduje

A 135 años de su fundación, Viña del Mar sigue siendo el principal destino turístico de Chile, lo que se explica, en buena medida, por un conjunto de transformaciones urbanas que tuvieron lugar entre 1930 y 1970.

Visto en retrospectiva, es increíble lo que se logró en solo 40 años gracias a la visión y el liderazgo de las autoridades y vecinos de entonces. En infraestructura por ejemplo, se canalizó el estero y se construyeron rellenos para levantar el casino, la avenida Perú y la plaza Colombia, además de nuevos puentes para facilitar la comunicación con Valparaíso y la población Vergara, de notable diseño urbano.

Más importante fue la recuperación del borde costero donde varias industrias fueron reemplazadas por playas y piscinas de mar, mientras que en los barrios centrales se levantaban obras claves para posicionar a Viña del Mar en el contexto nacional como el Palacio Presidencial de Cerro Castillo, el Hotel O’higgins o el parque urbano de la Quinta Vergara.

Este impulso modernizador se perdió en los 80 y hoy la ciudad presenta síntomas de deterioro preocupantes.

Basta recorrer calles emblemáticas como San Martín, Valparaíso o la Avenida Perú para ver cómo esos paseos peatonales, que fueron íconos de diseño hace 30 años, han terminado como lugares sucios, rayados o sin pavimentos; mientras que los edificios que los enfrentan están llenos de carteles publicitarios sin ningún tipo de regulación.

El abandono también afecta las plazas y áreas verdes que explican esa “ciudad jardín” tan valorada en el imaginario nacional. Impacta la falta de mantención de la laguna del Sausalito o de las plazas Colombia y Vergara donde el municipio ha descuidado aspectos tan básicos como cortar y regar el césped. Lo mismo ocurre con el parque San Martín cuyo paseo ha sido tomado por comerciantes informales.

Otro caso lamentable es el estero, que en su recorrido va dejando una estela de deterioro y tristeza. Además del agua estacanda y los microbasurales que conviven con estacionamientos e improvisadas calles de tierra, sus muros y puentes están plagados de grafitis y el vandalismo ha llegado al punto de destruir las balaustradas de los puentes y buena parte de sus luminarias.

Todo indica que las autoridades actuales han decidido ignorar esta realidad y seguir sobregirando a cuenta de las obras de sus predecesores. Y es que a excepción del parque costero de Las Salinas, las acciones municipales en el plan y el borde costero se remiten a organizar eventos o campañas publicitarias como “Viña, Ciudad Bella” cuyos carteles se emplazan cerca del paradero de las Victorias, que se hacen sentir a varias cuadras debido al olor que dejan los desechos de sus caballos.

El camino de mirar para el lado y sobregirar a nombre de la historia es cortoplacista y peligroso, ya que el abandono de los espacios públicos comprometerá la actividad turística, acentuando el enorme déficit económico que ya tiene el municipio, hasta hacerlo irrecuperable. Por ello es urgente que la alcaldía impulse un plan para recuperar y poner en valor los espacios públicos y áreas verdes, antes de seguir promocionando esta “Ciudad Bella”.

Este plan debe mirar al largo plazo con visión y liderazgo, tal como lo hicieron las autoridades hace 70 años cuando decidieron que Viña del Mar debía dejar de un barrio de Valparaíso para transformarse en una gran ciudad. Pese a todos los problemas descritos, este legado esta presente lo que permite enmendar el rumbo.

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